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LO POPULAR Y LA ACADEMIA
Tejedoras de Mampujan

LO POPULAR Y LA ACADEMIA

Por: Elkin Bolaño Vásquez

Coordinador Salón de arte popular

El radio de acción de lo popular, como una aprehensión de la realidad, es una voluntad que trabaja entre la sobrecarga de información de los medios de comunicación y los intereses legitimados por las costumbres que dan sentido a las relaciones sociales. La conducta popular se justifica en la necesidad de mantener los aparentes grados de seguridad y equilibrio necesarios para de la vida diaria. 

La necesidad de establecer la función social del arte, ayuda a clarificar los aspectos inmanentes de un arte popular que es aceptado, compartido y disfrutado por un público ajeno a los rituales del arte consagrado. Las configuraciones simbólicas compartidas por los artistas autodidactas, sustentan su potencial renovador en significados que traen a colación las limitaciones sociales que llevan al extremo algunas de las condiciones más básicas de la vida en comunidad. 

Todo ello convierte al arte popular en un relato que no necesita de intermediaciones eruditas para su comprensión y aceptación. Esta categoría del arte, que tiene un arraigo importante en los niveles socioeconómicos populares, realza su capacidad analítica y de invención creativa. Pero a pesar del alto porcentaje representativo del arte popular al interior de las mayorías demográficas, existen dificultades para esbozar definiciones que articulen armónicamente sus funciones y su riqueza semántica. En el caso de una definición del arte, la problemática implica la desatención de sus renovaciones más recientes. Tal dificultad converge en la necesidad de crear nuevas formas de gestión, entendidas como búsquedas de repuestas a las demandas que deben sortear las instituciones culturales que tiene como meta acercarse a nuevos públicos para ampliar su cobertura actual. Semejante tarea requiere planteamientos que tiendan a diferenciar el arte popular del arte consagrado, que más que presentarlos como adversarios, puedan tomarse como lenguajes que se complementan, pues, las mayorías demográficas, incrédulas de los debates estéticos, no deben tener sus primeros acercamientos al universo del arte, en el marco de controversias que sólo interesa a los especialistas. 

En la actual era de la información los individuos populares son cada vez menos neófitos, ahora están inmersos en informaciones disimiles que hacen que sus cosmovisiones se amplíen. En tal sentido, las producciones artísticas populares muestran procesos cognitivos correlacionados con el avance tecnológico. Estas dinámicas han sido cotejadas por algunas indagaciones de las ciencias sociales que apuntan a tomar como antagonistas a la tradición y lo nuevo. Sin embargo, José Jorge de Carvalho hace la salvedad que uno de los grandes fundamentos de los análisis sobre la tradición depende, precisamente, de su comparación con la innovación. Si bien, ambas visiones están alejadas radicalmente, su comprensión y análisis están determinados por su contraparte. 

Connotaciones similares plantea Martha Blache. En su artículo Folclor y cultura popular, donde concluye que la tradición no es una fuerza inalterable, sino una potencia que tiene sus propias jerarquizaciones y mecanismos de selección con los que es posible revalorar el pasado para legitimar el presente. En sus deducciones no hay espacio para individuos con costumbres y rituales puros. Ella entiende la tradición como un repertorio psicológico y cultural que permite comportamientos que se sustentan en lo vernáculo, pero en relación con el mundo actual. 

El arte popular depende de un alfabeto emocional que se encarga de descubrir elementos para suscitar empatía con las obras. Esto amplía las posibilidades interpretativas que terminan por enriquecer los valores estéticos y sociales de la cultura popular. La gran ilusión es que el arte popular se convierta en un virus que tenga la capacidad de asentarse en comunidades insospechadas, sin que los planteamientos académicos sean un obstáculo y que tampoco sea visto como una fiebre pasajera. Debemos insistir que el volumen de representatividad de la expresión popular no se limita a renovaciones transitorias que pasan de moda con facilidad, sino que sus derivaciones semánticas tienden a dar sentido a la vida diaria. 

El arte popular mantendrá sus diferencias sustanciales con el arte consagrado en la medida que conserve las combinaciones caprichosas entre la tradición y la globalización. El sostenimiento de estas diferencias cumple la función de incluir a las mayorías demográficas en los beneficios que trae la interacción con expresiones culturales disimiles. 

 ¿POR QUÉ ES IMPORTANTE QUE LA ACADEMIA CONSIDERE EL ARTE POPULAR COMO UNA CATEGORIA DE ANÁLISIS DE LA CULTURA? 

 

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