¡El arte popular llega al corazón de Córdoba! Te esperamos este 28 de mayo en el Centro Cultural Raúl Gómez Jattin de Cereté, para continuar la Itinerancia Nacional del Gran Salón BAT. Ven y celebra con nosotros la inmensa diversidad cultural y natural de Colombia en una exposición única.
Las exposiciones regionales de Itinerancia Nacional de obras del VIII Salón BAT de Arte Popular, continuan el 16 de julio en la Cámara de Comercio para Antioquia.
Fiestas, Artistas, Instrumentos & Danzas
Las manifestaciones culturales de los pueblos en Colombia, usualmente alegres y coloridas, se hacen visibles en festivales y carnavales en los que la música juega un papel protagónico. Nuestras raíces también se reflejan en artesanías y parques arqueológicos, así como en pinturas y esculturas de grandes artistas.
Leer másCon más de tres décadas de trayectoria artística, ha desarrollado una sólida experiencia como artista autodidacta que inició su carrera en su juventud, cuando migró de Purificación (Tolima) a Bogotá. Desde los dieciocho años, su inquietud por el dibujo lo llevó a investigar técnicas en libros y ensayando constantemente. Aunque se ha especializado en la pintura y técnicas mixtas, en esta ocasión eligió el dibujo con bolígrafo sobre lona como medio expresivo, atraído por la precisión del trazo y la carga simbólica del blanco y negro. La Vorágine de Macondo es una escena que recrea con minucioso detalle la atmósfera de una casa típica colombiana: una mesa familiar, retratos en las paredes y el aire denso de la memoria. Inspirado en una antigua fotografía y en la literatura de Gabriel García Márquez y José Eustasio Rivera, el artista fusiona el realismo mágico con una visión nostálgica del pasado. La obra representa a una familia caribeña, –evoca a Úrsula y sus descendientes–, en un espacio que condensa la identidad rural, los vínculos y las costumbres domésticas.
Concepto del jurado:
La Vorágine de Macondo, del artista bogotano Guillermo Gaitán Hernández, no solo es una obra de arte mayor, sino que atesora el espíritu del Salón: representa la vida intensa de Colombia y la tristeza de la pobreza, pero también la solidaridad campesina y familiar, en la que todos tienen un plato en la mesa sin importar los problemas. Los cuadros de la pared también narran una historia y dejan al descubierto la búsqueda de la belleza que tiene cada ser humano sin importar su clase social. El dibujo –además de su destreza técnica, un fotorrealismo puro que, desde lejos, podría pasar como una foto de Walker Evans– está hecho con el elemento más popular de todos: un lapicero negro que puede conseguirse en cualquier tienda de barrio. Es una obra que, por supuesto, merece llevarse todos los aplausos.
Escultora empírica y gestora cultural cuya obra nace de la intersección entre el territorio, la sostenibilidad y la identidad femenina rural. Con una práctica que transita entre la cordillera de Sandoná y la costa de Tumaco, Linares utiliza el arte como una herramienta de transformación social, trabajando de la mano con juventudes con discapacidad y comunidades vulnerables. Su propuesta se caracteriza por el uso de materiales recolectados de la naturaleza, integrando pigmentos orgánicos como el achiote y anilinas naturales. Fue galardonada con el Primer Premio en el VIII Salón BAT de Arte Popular por su obra “Tierra”, una pieza que encapsula la resiliencia afrodescendiente a través de la figura de una mujer y el fruto del chontaduro. En su trabajo, la cotidianidad se convierte en un homenaje a las tramas de resistencia que sostienen la vida en el Pacífico y el sur de Colombia. Más allá de la estética, su proceso creativo es un acto de preservación del saber ancestral y de respeto por los ciclos de la tierra. A través de talleres y procesos comunitarios, Ana Milena fomenta la creación artesanal como un espacio de inclusión donde la discapacidad no es una limitación, sino una sensibilidad distinta para moldear el entorno. Su búsqueda constante por materiales de bajo impacto ambiental reafirma un compromiso ético con el paisaje que habita, convirtiendo cada escultura en un puente que conecta la memoria colectiva de su natal Nariño con las nuevas generaciones.
Javier Enrique Núñez Herrera es un artista bogotano, con más de 20 años de trayectoria en la transformación de materiales recuperados. Su obra es un manifiesto sobre la segunda vida de los objetos; mediante un proceso meticuloso de ensamblaje basado exclusivamente en tornillos y remaches, Javier convierte lo "inservible" en piezas únicas de alto valor estético. Su arte no solo busca la originalidad visual, sino generar una conciencia profunda sobre el consumo y la sostenibilidad, demostrando que la belleza reside en la reinvención de lo cotidiano.